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Historia del Jazz Chileno

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1 Historia del Jazz Chileno el Sáb Sep 27, 2008 5:43 pm

Boro


Sangre Rockera
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Historia del Jazz Chileno


La cronología del jazz chileno comienza en 1924 con
la actuación de la Royal Orchestra de Pablo Garrido en Valparaíso y
termina ayer mismo por la noche en los clubes de la ciudad. Este es el
tránsito por los 81 años de vida del jazz chileno y su evolución
estilística.



Jazz melódico (1924-1940)

Un curioso dato se detecta tanto en el jazz de Norteamérica como
en el jazz chileno. En 1924, Fletcher Henderson organizaba "secciones"
instrumentales y su música sonaba llena, vibrante y muy distinta
a aquélla que practicaban casi la totalidad de las pequeñas
bandas de Nueva Orleans. Era una big band. La primera de la historia.

En Chile, el mismo año, Pablo Garrido fundaba en Valparaíso una agrupación
que utilizaba "filas" (aunque fueran reducidas) de instrumentos: tres
violines, tres saxofones, dos trompetas, clarinete, tuba, trombón,
banjo, batería y piano. Se presentó en la Confitería Colón bajo el
nombre de Royal Orchestra. Era el inicio del jazz en Chile, una era
romántica y de etiqueta, que luego llegó a conocerse como "jazz
melódico".

Fueron entonces las orquestas nacionales las primeras en tocar jazz (distintas a las orquestas
típicas y, después, a las orquestas tropicales). Se reunieron en torno
a un repertorio de música popular orientada al foxtrot, el shimmy y el
one-step, fundamentalmente en el período 1929-40: música bailable y
sumamente "melódica". Sus hombres eran músicos profesionales, "de
atril" y no improvisaban (salvo por la presencia de solistas que luego
encabezarían la siguiente etapa del jazz chileno: Luis "Huaso" Aránguiz
o Mario Escobar). Las más importantes fueron las del cubano Isidro
Benítez, Lorenzo Da Costa, Rafael Hermosilla, Bernardo Lacasia y Buddy
Day, y sus actuaciones llenaban salones, teatros y cabarets de la
capital y el puerto.




Figura: Pablo Garrido (1905-1982) El patrono del jazz chileno

Sus obras "Jazz window", "Black fire" y "Rapsodia chilena para piano y
orquesta" son la prueba innegable de que en su mente el compositor y
violinista Pablo Garrido escuchaba jazz. Sus orquestas fueron claves en
la consolidación de esta línea y Garrido llegó a transformarse en una
personalidad del jazz, más allá de su condición de creador de música
docta y de sus posteriores estudios sobre folclor. Tradujo al
castellano el libro "Jazz hot" del francés Hughes Panassié (que abrió
un mundo musical a las generaciones de los años 40 en adelante), dictó
500 conferencias en 35 países y publicó dos mil artículos de prensa.

Fue la llave maestra del "jazz melódico", pero eso no significó que no
viera con claridad lo que ocurría a su alrededor. Prestó mucha atención
a la camada de jóvenes músicos que se estaba articulando en otro
epicentro y que buscaba una música distinta a la habitual de las big
bands. Garrido fue además el patrocinador del grupo de jazzistas
veinteañeros que fundaron el Club de Jazz de Santiago en 1943. Por
alguna extraña razón, al comenzar esa década, Garrido se retiró del
jazz argumentando la desvirtualización de esta música en favor de las
masas. Era un vanguardista neto: "Quien no escuche a Stravinsky, quien
no escuche jazz, merece la horca".

Hot jazz (1941-1953)

Mientras en los salones la gente bailaba al pulso de las orquestas de jazz de
Lorenzo Da Costa, Rafael Hermosilla o Bernardo Lacasia, en ciertos
lugares escondidos de la ciudad se reunía un puñado de músicos jóvenes.
Mucho más allá de los perfectos arreglos de vientos y cuerdas y del
ritmo envolvente de las orquestas, gustaban de algo que estas
agrupaciones carecían notoriamente: la improvisación.

En 1941, un grupo llamado The Chicagoans (que adoptó el nombre de la banda
de Chicago liderada por Jimmy McPartland), realizaba audiciones de
música de Nueva Orleáns y Chicago, y ensayaba a puertas cerradas con
unos cuantos amigos como público: Tito Rodríguez (corneta), René
Eyhrealde (clarinete), Luis Barragán (piano), Carlos Morgan (guitarra)
y Lucho Córdova (batería) iban en otra dirección estética. El rumor de
estas reuniones de avanzada llegó a oídos de algunos músicos
profesionales de las orquestas que necesitaban eludir la monotonía de
tocar noche tras noche los mismos arreglos para las mismas canciones:
Luis "Huaso" Aránguiz (trompeta), Mario Escobar (saxo tenor), Ángel
Valdés (trombón), Hernán Prado (piano) y Víctor "Tuco" Tapia (batería).
Ellos eran, por cierto, los ídolos de los muchachos que alineaban en
los Chicagoans.

Todo ocurrió muy rápido para el
nuevo jazz: En 1943, Rodríguez, Eyheralde y Córdova fundaron el Club de
Jazz; en 1944 se formó la primera selección de Los Ases Chilenos del
Jazz; y en 1945 una segunda formación de los mejores consolidó la
corriente (ver capítulo "El cuadro de honor"). El "jazz melódico" fue
perdiendo espacio y el "hot jazz" alcanzó uno de sus mejores momentos
al ingresaren los años 50 con una comunidad de músicos que se había
multiplicado por varios números.




Figura: Luis "Huaso" Aránguiz (1912-1989) La leyenda

Se cuenta que Aránguiz adoptó el pseudónimo de "Huaso" porque vivió gran
parte de su niñez en un burdel dirigido por una dama a la que se
conocía por "Huasa". Aránguiz se hizo a punta de días solitarios y
noches ruidosas. Se inició en la trompeta en 1938, escuchando, como
todos los músicos de la época, los solos de Armstrong a través de los
viejos discos que lograba conseguir. Fue hombre de la orquesta de
Lorenzo Da Costa, pero tras renunciar a ella se volcó directamente
hacia la improvisación jazzística caliente, el "hot jazz". "El dixie le
brotaba por todos lados. El Huasito era un fenómeno", diría mucho
tiempo después el trombonista Jorge Espíndola (colíder de los Santiago
Stompers).

En 1941 puso en el escenario del salón
Olimpia a uno de los más significativos conjuntos del hot jazz: Los
Ases del Ritmo, en cuyas líneas estaban los mejores hombres de la
época: Escobar, Woody Wolf (clarinete), Prado (piano), Raúl Salinas
(guitarra), Iván Cazabón (contrabajo), Tapia (batería). En 1944 y 1945
fue músico de Los Ases Chilenos del Jazz y fue y volvió de múltiples
agrupaciones hot hasta fichar en 1973 en los Santiago Stompers. Tocó
con esta banda revival hasta 1978.

Swing (1953-1959)


El arribo a Valparaíso de dos inmigrantes en 1948 tendría consecuencias notables
en el curso del jazz chileno. La llegada del polaco Józef Hosiasson y
del italiano Giovanni Cultrera fue una coincidencia. El encuentro entre
ambos fue una fortuna. Ambos eran pianistas, uno más que otro. Pero uno
conocía más jazz que el otro. Se potenciaron mutuamente y se
ensamblaron como piezas maestras de un mecanismo, generando en el
Valparaíso de la época un nuevo enclave del jazz como 30 años antes lo
había hecho Pablo Garrido.

Hosiasson (ahora llamado "Pepe") y Cultrera dieron marcha a una etapa de swing,
consolidando a la generación de los años 50. Más allá de las
posibilidades como músicos en el escenario, ambos lo hicieron como
gestores musicales y difusores del jazz a través de programas radiales
y temporadas de conciertos. Así, nuevos clubes con fanáticos fundaron
en Valparaíso (1954), Los Ángeles (1957) y Temuco (1961). Concepción
tenía el suyo desde 1944. La nueva generación se abrió a otras opciones
de música, que venían de la mano de Duke Ellington, Count Basie, los
orquestadores maestros, y Art Tatum, Teddy Wilson y Oscar Peterson, los
grandes pianistas.



Figura: Giovanni Cultrera (1931) El maestro


Si usted lee este texto un día martes o sábado, durante esta misma noche
podría ver a Cultrera tocar el piano. El pianista de origen siciliano
es miembro de la all stars que más actuaciones tiene en el cuerpo
actualmente: junto a Alfredo Espinoza (saxo alto) y Daniel Lencina
(trompeta), Cultrera ya superó los 70 shows en sola una temporada. Pero
la historia de este músico-bisagra se remonta a los inicios de los años
50. Cultrera fue un pivote del jazz en el eje Valparaíso-Viña del Mar,
no sólo liderando iniciáticas sesiones de audición, sino además
gestando algunas de las primeras bandas dixie no capitalinas y
cimentando el que llegó a ser el primer Club de Jazz de Valparaíso.

En 1953 alineó en el histórico quinteto de respaldo del tenorista Bud
Freeman (figura mundial del swing, quien curiosamente vivió una
temporada en Chile). Tenía 21 años cuando actuó con el saxofonista
durante 60 días ininterrumpidos en el Hotel Carrera, alternando el
escenario con la tropicalísima big band del cubano Isidro Benítez.
Articuló a la generación de músicos porteños como Roque Oliva
(clarinete), Alvaro Vicencio (saxofón), Hugo Valdebenito (batería) y
los trompetistas Sergio Acevedo y Eugenio "Yuyo" Rengifo. Hasta el día
de hoy frecuenta el Club de Jazz, para conocer a los nuevos nombres o
para tocar con los antiguos estandartes.

Jazz moderno (1959-1969)

¿Es posible que los músicos afines al jazz tradicional se hayan trenzado a
trompadas con los músicos militantes del jazz moderno? La respuesta es
no. Pero los relatos de los protagonistas de la época sí hablan de un
enfrentamiento real entre ambas escuelas. Algunos músicos más antiguos
no consideraban a "eso" (el jazz moderno) como jazz. Era más bien
"ruidismo" puro y la excusa perfecta para demostrar cuánto podían dar
los instrumentos y cuántos aplausos podían recibir los solistas. Pero
lo cierto es que para 1959 toda una generación de recambio se estaba
instalando en las dependencias del Club de Jazz. Estaban liderados por
el pianista rancagüino Omar Nahuel, su máximo responsable.

Toda la década de apertura hacia las nuevas variantes del jazz (a partir del
bebop neoyorquino o el cool jazz californiano) van de la mano de
Nahuel. Los héroes estaban a la vuelta de la esquina: John Coltrane y
Stan Getz, Lennie Tristano y Bill Evans, Art Blakey y Joe Morello. La
comunidad estaba formada ahora por los saxofonistas Sandro Salvati,
Mario Escobar Jr. y Patricio Ramírez, los pianistas Mariano Casanova o
Roberto Lecaros, los contrabajistas Boris Castillo o Alfonso Barrios y
los bateristas Sergio Meli o Waldo Cáceres. La consolidación de un jazz
"modernista" coincidió con el nacimiento, fulgor y muerte del Nahuel
Jazz Quartet, la banda que inspiró a estos jóvenes músicos, que grabó
el primer long-play realizado por una banda estable y que probó al
medio que sí era posible vivir de un jazz impecablemente propuesto e
interpretado.

2 Re: Historia del Jazz Chileno el Sáb Sep 27, 2008 5:43 pm

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Figura: Omar Nahuel (1936-1969) Una mente distinta

Según narran las páginas de "Historia del Jazz en Chile" (2003, Ocho Libros),
escrito por el musicólogo Alvaro Menanteau, "nadie de los que lo
conocieron en Santiago sabe a ciencia cierta cómo Nahuel llego de
Rancagua tocando como ningún otro pianista del medio local (…) Nahuel
poseía una técnica y un lenguaje musical que se traducía en un toque
moderno y elegante a la vez".

Pero más que las habilidades frente a las 88 teclas, Nahuel hizo historia con su punto
de vista. Convocó a los mejores músicos nuevos, organizó un club
alternativo, tocó en el extranjero, ejecutó un jazz distinto, grabó los
primeros discos por una banda consolidada Nahuel Jazz Quartet en 1963 y Villavicencio 361
en 1965), vistió de traje y corbata, fumó muchísimo y murió joven, como
toda una leyenda del arte. Un accidente automovilístico en las afueras
de Valparaíso en 1969 terminó con el esplendor de Nahuel. Tenía 33
años. Lo que Pablo Garrido al "jazz melódico" y Luis "Huaso" Aránguiz
al "hot jazz", es Omar Nahuel al jazz moderno en Chile.

Jazz eléctrico (1970-1989)

En 1960, Miles Davis vestía trajes italianos y tocaba música modal en
quintetos bop. Pero en 1969 ya lucía cabellera afro, camisas
psicodélicas y tocaba música funk ácida con banda eléctrica. Una
tendencia que se desperdigó en el jazz norteamericano y llegó hasta
incluso hasta el último confín de América Latina: Chile.

El bajista peruano Enrique Luna (que había parchado como contrabajista en
el Nahuel Jazz Quartet) traía novedades de sus reiterados viajes a
Nueva York y en 1972 fundó un grupo de características enchufables:
Fusión. Pianos eléctricos, bajo pasivo y guitarras de cuerpo macizo
mezclaban la improvisación a niveles sonoros de amplificación, con la
potencia del rock y otras fuentes musicales. El grupo grabó Top soul (1975).
Luego vino el grupo Aquila, comandado por el vibrafonista Guillermo Rifo,
que grabó Aquila (1974). La estética de la mezcla de estilos y formas, y de la gran
preparación instrumental de los músicos tuvo una larga vida y gran
cantidad de cultores, sobre todo hasta 1989, cuando el grupo Cometa
dejó de existir. En este período se incluyen fuertemente elementos de
la música chilena de raíz.

Bandas: Koalición (del guitarrista Miguel Zabaleta), Quilín (del guitarrista Alejandro
Escobar), Cometa (del baterista Pedro Greene), Kameréctrica (del
violinista Roberto Lecaros), Alsur (del guitarrista Edgardo Riquelme),
Ensamble (del guitarrista Eduardo Orestes), Trifusión (del guitarrista
Emilio García), La Red (del guitarrista Vladimir Groppas). La más
importante agrupación de la nueva era fue La Marraqueta (con Greene,
Andrés Pollack y Pablo Lecaros), fundada en 1992 y la única que aún
graba discos y actúa en vivo (junto con Quilín, que toca de cuando en
cuando en el underground).



Figura: Pablo Lecaros (1957) El hombre de la fusión

El jazz fusión chileno tiene a muchos nombres de la generación 70 y 80,
pero ninguno es tan representativo como el de Pablo Lecaros. Un bajista
eléctrico vinculado a la tradición de Jaco Pastorius (y luego a la de
Steve Swallow, Jeff Berlin, Marcus Miller y John Patitucci), que supo
mezclar muy bien fuentes de inspiración tan distintas como el rock de
Jimi Hendrix, el jazz de Miles Davis y la música de raíz de Violeta
Parra.

Fue bajista del grupo Cometa desde 1983
y tras su disolución en 1989 formó Macondo (1990) y La Marraqueta
(1992), con quienes está a punto de sacar su tercer álbum. Como solista
tiene a Quinto-primero (2003) como su único disco.

Bop contemporáneo (1990 - ?)

Nombres del siguiente recambio: Ángel Parra, Cristián Cuturrufo, Pancho Molina,
Felipe Chacón. Todos músicos estelares que aparecieron con el fin del
régimen militar, pusieron la mirada en el histórico lenguaje acústico
del jazz y reforzaron una escena que venía desde más atrás con nombres
como los del trompetista Daniel Lencina, los bateristas Alejandro
Espinosa y Moncho Pérez, el guitarrista Fernando Otárola, los pianistas
Mario Lecaros, Moncho Romero y Marlon Romero, el contrabajista Sammy
Domínguez, el saxofonista Marcos Aldana y el histórico grupo Nexus
(fundado en 1986 por el saxofonista Patricio Ramírez y el vibrafonista
Carlos Vera como un conjunto-escuela).

La guitarra eléctrica dejó de sonar como la de Hendrix o la de McLaughlin
y regresaron nombres y sonoridades de antaño: Wes Montgomery, Jim Hall,
Barney Kessel. Pero no sólo la guitarra dejó de sonar rockera, sino que
al finalizar los 90 comenzó a desplazarse de una posición protagónica a
la de una plaza en la sección rítmica, dando paso así a nuevos solistas
que tomaron el saxofón y la trompeta como armas predilectas del jazz de
los 2000.

Marcos Aldana puso a sus alumnos en la
cresta de la ola: Ignacio González, Claudio Werner, Claudio Rubio, Max
Alarcón fueron algunos ejemplares de los saxos tenor y alto. Más tarde
se incluirían a la lista otros jóvenes nombres (ver capítulo "Los
saxofones"). Entre las trompetas de Santiago Cerda, Gustavo Bosch,
Patricio Pailamilla o José "Pepe" Vergara (casi siempre incluidas en
filas de big bands y grupos pop), hubo una que iba a convertirse en la
gran estrella del jazz de fin de siglo: Cristián Cuturrufo.



Figura: Cristián Cuturrufo (1972) El desbandado

"Como tocan son" es el título de una composición del bajista eléctrico Pablo
Lecaros. Cristián Cuturrufo toca como es: enorme, divertido, gritón,
gozador. Su figura pasó las fronteras del pequeño circuito jazzístico y
hoy, como ocurrió en los años 70 con Daniel Lencina (su predecesor en
la trompeta), se le conoce en ámbitos que uno ni siquiera pensaría que
existen. Cuturrufo es un apellido "musical": suena a algo muy fuerte.

Se inició como trompetista docto en el Ensamble Gabrieli en 1991. Música
demasiado estática para él. En 1994 figuraba en La Habana haciendo
latin jazz y escuchando muchos discos de Dizzy Gillespie y Arturo
Sandoval (dicen que su trompeta perteneció a Art Farmer y que llegó a
sus manos después de infinitos traspasos). Al regresar a Chile su
estilo ya era arrollador, como el bebop. Se integró a los grupos Motuto
(de Ignacio González), Vernáculo (de Rodrigo Cuturrufo) y Los Titulares
(de Pancho Molina). A su paso siempre fueron incendiándose los clubes y
hoy en día llena cualquier espacio donde se presente: El Perseguidor,
El Cachafaz o el Teatro Municipal de Ñuñoa. Una vez, una enorme llama
le quemó la cabellera en pleno escenario. Fue la descripción precisa de

mismo. Tiene cuatro discos editados ( Puro jazz de 2000, Latin jazz de
2002, Recién salido del horno de 2003, y Jazz de salón de 2004). Va por
un quinto en 2005, también junto al pianista Valentín Trujillo.

Jazz experimental (1968 - 1970 / 1999 - ?)

El jazz "libre" es transversal a todos los tiempos. Pero tuvo dos épocas
muy fuertes en nuestro país. Mientras el Nahuel Jazz Quartet se
acercaba al inesperado fin de su historia con la muerte de su líder, un
nuevo pianista aparecía en la reducida escena jazzística de 1965.
Manuel Villarroel buscaba respuestas más allá de las estructuras
comunes. Poco después llegó otro pianista, muy joven y con aguda
mirada: Matías Pizarro. Ambos dejaron el país para estudiar música en
escuelas de avanzada al iniciarse los años 70. Entonces, con Villarroel
en París, Pizarro en Boston y Pinochet en Santiago de Chile las horas
de la experimentación fuera de las normas estaban contadas.

Las inspiraciones en esta línea regresarían al comenzar los
años 2000, de la mano del pianista británico Martin Joseph,
quien lideró la primera de las comunidades del jazz experimental.
Como compositor y hombre ligado al mundo de la música docta, convocó
músicos en sus talleres de improvisación libre desde la academia:
El guitarrista Ramiro Molina, el saxofonista Edén Carrasco o el baterista
Andy Baeza lo siguieron en sus propósitos improvisacionales vinculados
a la música europea. Otros, como el pianista Carlos Silva, iniciaron
su propia aventura en el jazz libre y la música contemporánea.
Una segunda línea de acción la encabezaron los jóvenes
hermanos Diego Manuschevich (saxofón) y Hugo Manuschevich (batería),
quienes llegaron desde Nueva York en 2003 con la clara idea de reunir nuevos
freejazzistas. Lo lograron a través del colectivo Núcleo de
Resistencia Estética, que tuvo mil caras distintas y se presentó
en subterráneos con la música cuya mayor referencia estaba
en la escuela de Chicago de los años 60.



Figura: Manuel Villarroel (1944) La mirada afilada

Poco se sabe de Manuel Villarroel. Su gran historia musical se escribió en
Francia, país al que llegó para estudiar en 1970 y donde vive
actualmente. Sus inicios lo encuentran en 1963 a la cabeza del Minton’s
Trío, ensamble acústico de características similares al Nahuel Jazz
Trío (de Omar Nahuel, 1959) o al Village Trío (de Sergio Meli, 1964).
Sobre la marcha de este conjunto, Villarroel comenzaría a poner su
mirada distinta en música que tenía que ser distinta. Según el
musicólogo Alvaro Menanteau, el aporte de Villarroel "fue importante,
ya que corresponde al único jazzista chileno que incursionó de lleno en
el free jazz (…) La composición formal de los temas se combinó (con
Villarroel) con un lenguaje atonal y un fraseo irregular que negaba el
tradicional beat o pulso de los estilos de jazz anteriores".

En la discoteca de Villarroel estuvieron siempre los discos más
importantes de Ornette Coleman, Cecil Taylor y todos los exponentes de
la escena de Chicago de los años 60. En París, siguió construyendo
música de avanzada, con la Machi Oul Big Band (grabaciones en 1971 y
1975) y luego con la estupenda formación chilena del grupo Skuas, que
tenía a los grandes nombres del avant-garde: él, su hermano Patricio
Villarroel y el pianista Matías Pizarro.

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